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lunes, 3 de noviembre de 2014

El viajero del mes: ¿Monet en Madrid?

Monet y Los años de Giverny. Correspondencia

Cuando uno lee las fuentes primarias en ocasiones se lleva más de una sorpresa. En este caso ha sido leyendo el epistolario de Claude Monet (París, 1840-1926, Giverny), compilado en castellano en la edición de Turner Los años de Giverny: Correspondencia (1), el modo en que hemos conocido el desconocido dato de que Monet proyectó un viaje a Madrid en el otoño de 1904.

Portrait of Paul Durand-Ruel, Pierre-Auguste Renoir (1910), 65 x 55cm. Private collection, New York

En una carta del 4 de octubre al marchante Paul Durand-Ruel le dice: 
"Aquí estoy descansando desde hace algunos [días], y me proponía pedirle que viniera a comer estos días, pero acabo de decidir poner en ejecución un proyecto que tenía desde hace tiempo: ir a Madrid a ver los Velázquez. Salimos el viernes por la mañana en coche para tres semanas aproximadamente y, en cuanto vuelva, si es que usted puede, le pediré que se acerque hasta aquí. Si usted pudiese facilitarme la visita de algunas obras de arte en Madrid, le agradecería que me escribiese unas palabras inmediatamente, dado que podemos salir el jueves después de comer." (2)

Monumento de Velázquez y Museo, Anónimo (c.1906)

Tan solo tres días después, un Monet resuelto a hacer este viaje escribe a Durand-Ruel para pedirle apoyo logístico: 

"Me alegra mucho poder reunirme con usted en Madrid, adonde llegará usted sin duda antes que nosotros ya que no saldremos hasta mañana y haremos el viaje en varias etapas, además de que en coche siempre surgen imprevistos.

Voy a pedirle a propósito el siguiente favor, que envie [a alguien], en cuanto reciba estas líneas, a la sede del Touring Club, 65, avenida de la Grande-Armée, a comprar para mí el mapa de Francia a 500.000e por el coronel Prudent, que abarca hasta Madrid; cuesta 1,50 francos y que me lo envíe mañana sin falta a Burdeos, Gran Hotel de Francia y de Nantes juntos. Estaremos allí el domingo por la noche para volver a salir el lunes.

Si en el Touring Club no estuviese disponible este mapa, que se informen sobre el editor, lo compren y me lo envíen mañana, pues nos es indispensable para nuestro viaje, ya que los mapas de carreteras españolas no se pueden encontrar en Francia" (3)

Retrato de Aureliano de Beruete, Ramón Casas (1905), 48 x 62,3cm. Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona

Aunque no tenemos mayor constancia de este viaje en los epistolarios de Monet, sabemos que este periplo finalmente se produjo gracias a las impresiones que Aureliano de Beruete transmite desde Génova a su amigo Sorolla en una carta:

"Aquí estuvo Claude Monet. Es un viejo joven fuerte como un roble, algo parecido a Rico en lo recio y a Meissonier en la barba. Con ojos muy vivos y jóvenes. Habla poco y contundente. Salió admirado del Greco, Velázquez y sobre todo Goya; de lo demás no se asombra". (4)

Martín Rico (1908) y Meissonier (1899)

Monet no sería el único que visitase Madrid para ver a Velázquez en directo en el Real Museo de Pintura, que era el nombre que por entonces tenía el Museo Nacional del Prado. Varios años antes a él, como señala muy bien José Álvarez Lopera (5), visitaron la pinacoteca Edgar Degas (1889), Pierre-Auguste Renoir (1891), Henri de Toulouse-Lautrec (1894 y 1895), John Singer Sargent (1895, y anteriormente en 1879) y, con posterioridad a 1904, también se pasaría por allí Rodin acompañado de Ignacio Zuloaga (1905).

Esto pone de relieve que el interés por la pintura de Velázquez estaba generalizado desde la década de 1870 entre los pintores extranjeros (incluso Degas llegó a hacerle un pequeño homenaje cuando estaba formándose en Italia en 1858). Sin embrgo, esto no explica el interés concreto de Monet, cuyas palabras nos pueden dar pie a interpretar que tenía una deuda que saldar consigo mismo yendo a ver de una vez por todas a Velázquez.

Pablo de Valladolid de Velázquez (c.1632-37) y Le Fifre de Manet (1866)

¿Tuvieron algo que ver las opiniones que Manet trajo a París sobre lo que había visto de Velázquez en Madrid para que Monet se propusiera verlos con sus propios ojos?

Independientemente de que así fuera, llama la atención el hecho de que, tras su visita a Madrid con su esposa (6) en 1904, Monet no volviera a hablar (al menos en su correspondencia) ni de Velázquez, ni de la experiencia en Madrid, ni de cuánto le llamó la atención la pintura de El Greco y de Goya según contaba Beruete en su carta a Sorolla.

The Houses of Parliament, Claude Monet (c.1903-1904), 81,3 x 92,4. Metropolitan Museum, New York

Podríamos concluir que para el Monet de 1904, que venía de pintar durante los últimos cuatro años sus célebres vistas de Londres, que pronto enlazaría con Venecia y que tornaría sus pasos hacía las ninfeas de su jardín de Giverny, el ver los Velázquez casi treinta años después de la visita de Manet le resultó tan sugestivo a sus ojos como poco determinante para su próxima producción. 


Notas y bibliografía:

(1) MONET, C.: Los años de Giverny. Correspondencia, Turner, Madrid, 2010.

(2) W IV, 1.740 / A P. DURAND-RUEL. Giverny, 4 de octubre de 1904. En MONET, C.: Los años de Giverny. Correspondencia, Turner, Madrid, 2010, p. 284. 

(3) W IV, 1.742 / A P. DURAND-RUEL. Giverny, viernes 7 de octubre de 1904. En MONET, C.: Los años de Giverny. Correspondencia, Turner, Madrid, 2010, pp. 284-285.


(6) GEFFROY, G.: Monet en Giverny. Colección Museo Marmottan de París [catálogo de exposición], Fundación Juan March, Madrid, 1991, p. 80.

sábado, 7 de junio de 2014

El viajero del mes: Lamberto Wyts, el hombre de una sola frase

A lo largo de la Historia es posible encontrar personajes vinculados a un único acontecimiento u obra, como si el resto de su existencia nunca hubiese transcurrido más allá de su pequeño momento de gloria. Es el caso, por ejemplo, del compositor Pachelbel, conocido por el gran público únicamente por su Canon, o del escritor J.D. Salinger, hoy recordado y leído casi en exclusiva por El guardián entre el centeno.

Nuestro viajero de este mes también es víctima de un mono-éxito, en este caso una frase sobre Madrid cuya presencia en libros sobre urbanismo e historia de la ciudad es obligada (incluso nosotros la citamos en nuestro itinerario dedicado al Madrid de Carlos III). Sin embargo, además de la frase en cuestión, nos gustaría trazar una breve biografía y aludir a sus escritos. No sólo de una frase vive el hombre.

De Lamberto Wyts poco sabemos y sólo a través de un texto suyo conservado. Según García Mercadal (1), uno de los grandes especialistas en literatura de viajes, Wyts habría nacido en Malinas (ciudad situada entre Bruselas y Amberes) hijo de un noble. Visitó numerosos países europeos incluyendo España, adonde vino en 1570 como parte del séquito que acompañaba a la futura reina Ana de Austria desde Amberes para que contrayera matrimonio con Felipe II. Fue entonces cuando tomó una serie de notas acerca de nuestro país de gran interés para los historiadores.

Sofonisba Anguissola, Ana de Austria, 1573. Museo Nacional del Prado.

Esta relación de su viaje desde Flandes se conserva de forma manuscrita en la Biblioteca Imperial de Viena. En las guardas del libro el propio Wyts escribió: "Este libro pertenece a mí, Lamberto Wyts, el cual está escrito de mi mano propia, el año mil quinientos setenta y tres del XV de agosto, 1574. Feliz en la desgracia y boga la galeria. L. Wyts". Esta alusión a la galera se correspondería con algún viaje realizado por mar durante el cual habría redactado su texto.

En su texto pretendía, como él mismo dice, narrar su viaje "desde la renombrada ciudad de Amberes hasta la villa de Madrid, en España, donde tiene su corte el rey, comprendido de día en día todo el orden y magnificencia y hechos recogidos de su dicha majestad y sus dos hermanos archiduques (2) en todos los lugares y pasajes a lo largo de su viaje".

El séquito, antes de llegar a Madrid, recorrió ciudades como Santander, Burgos, Valladolid o Segovia, siempre acompañados de ministriles con sus instrumentos musicales, bufones y castrati. 

Una vez llegado en barco hasta las costas españolas, Wyts narra aquellas cosas que más llaman su atención, como el traje de las mujeres de Vizcaya:

"Las mujeres van adornadas de una extraña manera, pues llevan en la cabeza una pirámide que a nada mejor se puede comparar que a un niño fajado; es lo que ellas llaman tocada. Las solteras llevan el pelo cortado como los muchachos, salvo que les dejan algunos cabellos largos sobre las orejas. Son gentes muy bárbaras y místicas, mal ataviadas y muy semejantes a las muchachas en Turquía de Bulgaria, siempre descalzas, sin zapatos".

El artista alemán Cristóbal Weiditz visitó en 1529 y realizó una serie de dibujos sobre tipos populares españoles. Entre ellos, esta mujer vasca con un tocado muy similar al que Wyts pudo ver en Vizcaya.  En los pies lleva una suerte de chapines.

Wyts introduce en varias ocasiones opiniones no muy halagüeñas sobre los españoles. Por ejemplo, recoge una anécdota que para él denotaba una "barbarie tan grande" que fue contando el hecho a toda la corte. Esta barbarie puede resumirse de esta manera: Wyts se encontraba en Burgos y quería copiar una inscripción latina que decoraba la puerta de un palacio. Mientras copiaba el texto, se acercaron dos sacerdotes, que no sabían en qué idioma estaba escrita la inscripción y pensaron que se trataba de una frase en alemán puesto que Wyts, extranjero, la estaba copiando y por tanto la entendía. Se acercaron a él y le preguntaron por qué copiaba la inscripción, a lo que respondió Wyts, que había oído su conversación sobre el idioma: "Porque está escrito en nuestra lengua, en alemán". Los sacerdotes dieron por buena la respuesta y se marcharon pensando que la inscripción latina estaba escrita en alemán...

Este incidente dio pie a nuestro viajero a decir sobre el clero español: "He ahí los señores españoles que hacen servir a la Iglesia, tan doctos como un papagayo que canta lo que otros le dicen, ignorando lo que se dice, y que por costumbre habla lo que le han enseñado".

Madrid en 1562 según Anton van den Wyngaerde. Esta vista fue analizada por nosotros aquí



Finalmente, llegó a Madrid y a la frase que le ha hecho conocido entre todos los aficionados y especialistas de la Villa y Corte:

"Tengo esta villa de Madrid por la más sucia y puerca de todas las de España, visto que no se ven por las calles otros que grandes servidores (como ellos los llaman), que son grandes orinales de mierda, vaciados por las calles, lo cual engendra una fetidez inestimable y villana, pues si se os ocurre andar por dentro del fango, que sin eso no podéis ir a pie, vuestros zapatos se ponen negros, rojos y quemados. No lo digo por haberlo oído decir, sin por haberlo experimentado varias veces. Después de las diez de la noche no es divertido el pasearse por la ciudad, tanto que, después de esa hora, oís volar orinales y vaciar la porquería por todas partes". 

El "¡Agua va!" inmortalizado por el pintor Ángel Lizcano y Monedero (1846-1929)

Sin duda esos orinales volaban al son del famoso "¡Agua va!". A pesar de todo esto, Wyts permaneció en la Corte siete meses, hasta mayo de 1571, momento en que partió hacia Barcelona, donde embarcó en las galeras de don Juan de Austria con destino a Génova.  No será, sin embargo, el único que deje constancia del escaso nivel de limpieza de la ciudad de Madrid. Pero esa es otra historia contada por otros viajeros...


(1) GARCÍA MERCADAL, J: Viajes de extranjeros por España y Portugal. Junta de Castilla y León, 1999, pp. 331-337.
(2) Se refiere a don Alberto y don Wenceslao, que después de llegar a Madrid partieron hacia Viena. La partida también es descrita por Wyts, pues marchó con ellos. Permanecieron en Madrid unos diez y once meses. 

Bibliografía
  • GARCÍA MERCADAL, J: Viajes de extranjeros por España y Portugal. Junta de Castilla y León, 1999
  • GÓMEZ TABANERA, J.M.: "Del tocado corniforme de las mujeres asturianas en el siglo XVI", El Basilisco, 5 (1978). Puede consultarse online aquí

martes, 29 de abril de 2014

El viajero del mes: José Mª Blanco White y su repentino viaje a El Escorial

De José Mª Blanco White (1) (Sevilla, 1775-1841, Liverpool) poco hemos sabido en España hasta hace relativamente poco tiempo debido, en opinión de Vicente Llorens, a la animadversión que hacia él sintieron sus propios contemporáneos, quienes le tomaron por un hombre de opiniones sediciosas que animaban al "pueblo" a la revolución (2) frente a las clases más acomodadas.

Letters from Spain, José Mª Blanco White (Leucadio Doblado, pseudónimo), Henry Coburn and Co., London, 1822

Hoy hablaremos de un episodio que Blanco White relata en Letters from Spain, una obra que publicó cuando llevaba doce años en Inglaterra y había dejado el seno de la Iglesia Católica para pasarse a la anglicana. Gran parte de estas cartas, que toman indirectamente el modelo de las Lettres persanes de Montesquieu (1717), fueron publicadas en The New Monthly Magazine en febrero de 1821, siendo reunidas en un mismo volumen por el editor Colburn, escondiéndose entonces Blanco White bajo el pseudónimo de Leucadio Doblado (3).

Vista de El Escorial desde la entrada al huerto, Gómez de Navia (dibujo) y López Enguidanos (grabado) (1800), 41 x 55,5cm. Museo de Bellas Artes de Córdoba (CE237G)

Estamos en el 2 de noviembre de 1807. Blanco White se encontraba con su amigo Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760-1828, París) cuando a este le llega una sorprendente carta de mano de Manuel de Godoy, favorito de los reyes Carlos IV y Mª Luisa de Parma y máxima autoridad política del país. En esta carta le pide que acuda a El Escorial inmediatamente. Al final, Blanco White acabó accediendo a subirse en la calesa que cogieron en la Puerta del Sol para dirigirse al palacio.

Retratos de Juan de Escóiquiz y el Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII

Allí se encontraron con la siguiente situación: "Se sospechaba que el clérigo que dirigía los estudios clásicos del infante don Francisco de Paula había ayudado al príncipe de Asturias a escribir la carta secreta a Bonaparte que había causado la grave desavenencia en el seno de la familia real. Si estas pruebas de inocencia que el preceptor ha presentado a los reyes no conseguían rehabilitarlo, mi amigo sería propuesto como su sucesor y empezaría a ejercer inmediatamente los deberes de tal cargo" (4).

Dicho clérigo no era otro que Juan de Escóiquiz (Ocaña, 1747-1820, Ronda) (5), que había sido designado en su momento por Godoy como preceptor del Príncipe de Asturias para que también se aplicase en él el sistema educativo que implantó el Príncipe de la Paz, la metodología de Johann Heinrich Pestalozzi (Zúrich 1746-1827, Brugg).

Godoy como protector de la instrucción, Agustín Esteve, (c. 1806), 250 x 178cm. Museo de Bellas Artes de San Carlos, Valencia

Leandro Fernández de Moratín, Goya (1799), 73 x 56cm. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

En esos momentos tanto Escóiquiz como el Príncipe de Asturias estaban detenidos dentro de El Escorial, esperando saber qué sería de ellos (6).

Tanto Blanco White como Moratín eran conscientes del tremendo dilema que se le presentaba al segundo, porque: "Aceptar el puesto de preceptor de un miembro de la familia real cuando ésta se encontraba dividida en dos partidos irreconciliables y, por consiguiente, arriesgarse a ser contado entre los enemigos del presunto heredero era como arrojarse de cabeza en medio delmás peligroso remolino de la intriga cortesana que amenazaba con hundir el país. Declinar el ofrecimiento cuando el nombre del candidato había recibido ya con toda probabilidad la aprobación del príncipe de la Paz era por otro lado hacerse sospechoso a los que tenían un poder absoluto en sus manos" (7).

El Escorial. Escalera principal, Gómez de Navia (dibujo) y Alegre Núñez (grabado) (1800), 49 x 38,5cm. Museo de Bellas Artes de Córdoba

De modo que, deseando que todo aquello hubiera sido solamente una pesadilla y que Escóiquiz fuera declarado absuelto y repuesto en sus obligaciones, decidieron Moratín y Blanco White pedirle al monje jerónimo que servía de guía en el monasterio, que le enseñase las principales curiosidades del edificio:

"Nos permitió recorrer la espléndida y valiosa biblioteca, considerada como una de las más ricas colecciones de antiguos manuscritos que hay en Europa, tesoro que, en medio de estas montañas y bajo el control de un Gobierno antiliberal y de un grupo de ignorantes, puede decirse que está enterrado en las mismas entrañas de la tierra. También es inmensa la colección de pinturas de primera calidad que hay en El Escorial, y los muros están literalmente cubiertos por ellas. Basta vagabundear por los numerosos claustros del monasterio para saciar de bellezas artísticas al más incansable aficionado. Pero nuestro guía, que no encontraba especial interés en pasar por el mismo sitio por diezmilésima vez, se dio prisa en llevarnos a la colección de reliquias, en la que parecía encontrar incansable satisfacción. No le voy a dar una lista de estos tesoros espirituales, que ocupan una gran mesa de tres a cuatro pies de longitud y anchura desproporcionada, situada a la entrada del coro; pero no puedo dejar de decirle que nos mostraron el cuerpo de uno de los inocentes asesinados por Herodes y un poco de leche coagulada de la Vírgen María" (8).

Finalmente todo el proceso contra Escóiquiz quedó en agua de borrajas tras la delación del Príncipe de Asturias de los supuestos instigadores de esta intriga cortesana, por lo que Moratín no tuvo nada que hacer allí, ni para bien ni para mal. No obstante y a tenor de sus palabras, no puede decirse que a Blanco White le encantase El Escorial.


Notas y bibliografía:

(1) Su verdadero nombre fue José Mª Blanco Crespo, aunque pasó a la posteridad con el redundante pseudónimo de "Blanco White". Una buena biografía de Blanco White la encontramos en el prefacio de la primera edición en castellano de las Cartas de España, en Alianza Editorial (1972).

(2) La idea del "pueblo" en Blanco White poco tiene que ver con las definiciones marxistas del proletariado, sino que son más una amonestación moral a la jerarquía eclesiástica católica y a la nobleza.

(3) En ese sentido, Marcelino Menéndez Pelayo, que fue el único que leyó a Blanco White varias décadas después, comentaba en Historia de los heterodoxos españoles (1882) que "con Goya y D. Ramón de la Cruz completa Blanco el archivo único en que puede buscarse la historia moral de aquella infeliz centuria". Por otra parte, llama la atención que esta obra tardase en traducirse un siglo y medio.

(4) BLANCO WHITE, J. Mª: Cartas de España, Alianza Editorial, Madrid, 1986, p. 288.

(5) Sobre Juan de Escóiquiz, recomendamos el siguiente post de La Tinaja de Diógenes 

(6) Toda esta situación se acabará denominando históricamente como El proceso de El Escorial.

(7) BLANCO WHITE, J. Mª: Íbid.

(8) BLANCO WHITE, J. Mª: Íbid., p. 290.

martes, 18 de marzo de 2014

El viajero del mes: Amado Nervo y el río Manzanares

No es un secreto que el río Manzanares, nacido en la Sierra de Guadarrama y afluente del Jarama, ha sido denostado por propios y extraños durante siglos. La razón principal de la burla siempre ha sido su escaso caudal. Así, por ejemplo, Quevedo acuñó la frase que probablemente más famosa se ha hecho en relación al río: "Manzanares, Manzanares, arroyo aprendiz de río" (1).

Otros muchos literatos del Siglo de Oro (2) agudizaron también su ingenio para no quedarse a la zaga en la tarea de hacer burla y escarnio de un río que, si bien no es comparable a un Guadalquivir o un Tajo (tan cantados y adulados por sus correspondientes poetas), ha dado su servicio a los madrileños hasta hace apenas cien años. Nos referimos, entre otros oficios, a las lavanderas, mujeres jóvenes y no tan jóvenes que encontraban en esta ingrata tarea la única manera de ganarse la vida en una época (insistimos que vergonzosamente reciente) en que el papel asignado a la mujer dentro de la sociedad era muy reducido.
 
Martín Rico, Lavanderas de La Varenne (Francia), 1864-1865. Museo Nacional del Prado. Imagen prototípica de lavanderas. Sin embargo, no se trata de las orillas del Manzanares, sino del río Sena, aunque la imagen es extrapolable a las afueras de cualquier ciudad Europea.

Así, no faltan los testimonios gráficos y literarios de esta omnipresencia de las lavanderas en las lindes del río. Por ejemplo, Lope comenta:
 
"Mísero Manzanares, ¿no te basta
 todo el año sufrir tanta fregona,
tanto lacayo y paje de valona,
 tanto ropa servil tanta canasta?"

Y en cuanto a la pintura, el paisajista Aureliano de Beruete (1845-1912), que tantas veces retratara al humilde río, incluyó en una de sus vistas a las lavanderas. 

Aureliano de Beruete, Lavaderos del Manzanares, 1904. Museo Sorolla, Madrid.

Pero dejemos un instante al Manzanares y su humilde curso para centrarnos en Amado Nervo, pseudónimo de Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, poeta mexicano nacido en 1870 y fallecido en Uruguay en 1919.
 
Retrato de Amado Nervo

Amado Nervo ingresó en 1905 como secretario de la embajada de México en Madrid, volviendo a su país de origen en 1918. De su estancia aquí nos interesan algunos de sus textos en los que plasma sus impresiones acerca de Madrid y, más concretamente, las breves alusiones a nuestro coprotagonista del día de hoy, el río Manzanares. Aquellos que sintáis curiosidad por conocer de primera mano los años madrileños del poeta podéis leer su obra Los balcones o el librito de José Simón Díaz que fue publicado en Tepic (México), el lugar de origen del literato (3).
 
Edición de 1920 de Los balcones. Cuenta con pequeñas ilustraciones de algunos lugares de Madrid.

Precisamente en Los balcones, una novela publicada en 1920 cuyo protagonista, Luis, es claro alter ego del escritor, encontramos diferentes descripciones e impresiones del Madrid que Nervo conoció durante sus años de estancia aquí. Luis vive en un piso con tres balcones: uno está lleno de macetas, pero otro permanece vacío: es el "balcón por excelencia" porque allí se encuentra colocado un "anteojo astrónomico" y a través de él observa los cielos... pero también "mira hacia abajo, hacia la amplia y risueña calle, bordada de acacias y de álamos en la parte que ve al poniente".

Este segundo balcón dará pie a numerosas descripciones de las vistas que desde él se ofrecen a Luis, vistas que comprenden el Palacio Real, el Campo del Moro o, incluso, muy a lo lejos, El Escorial.

La Plaza de Oriente en 1906. Hauser y Menet.

"Luis ve desde su balcón lo que se ve desde el Palacio Real. Tiene este visual privilegio (...) Frente por frente del balcón, entre el Palacio Real y la montaña del Príncipe Pío, donde Murat fusiló ha más de un siglo a tantos infelices, trágicamente eternizados en el célebre cuadro de Goya, se extiende hasta las primeras derivaciones del Guadarrama el campo ondulante, amarillento, bien arbolado, con depresiones mullidas y risueñas, que al pie del alcázar es un parque delicioso, llamado el Campo del Moro que un poco más allá forma la vasta y apacible "Casa de Campo" (...) En realidad, Luis vive en un palacio y mira uno de los paisajes más bellos del reino. Casi diríamos que posee lo mejor de un reinado" (4).

Y es que Amado Nervo residió en el número 15 de la calle Bailén, de manera que el Palacio Real era, en cierto modo, "una prolongación de su morada", como él mismo dice. Curiosa casualidad, pues en nuestra anterior entrada precisamente os hablábamos de un edificio existente junto enfrente de la vivienda de Nervo que ya no se conserva pero que el escritor mexicano sí conoció.

El número 15 de la calle Bailén en la actualidad (fuente: Google Maps)

 Muchas de sus pequeñas reseñas de la vida y costumbres de Madrid aparecerán en publicaciones periódicas del momento y en su correspondencia privada. Así, por ejemplo, en relación con el Teatro Real (que cerraría sus puertas en 1925 debido a problemas estructurales que amenazaban la estabilidad del edificio) indica:

"El teatro Real es de suyo hermoso y elegante (...) El palco real es muy bello, pero acaso demasiado grande. El Real es uno de los más elegantes teatros de Europa (...) En él todo es histórico. Las óperas, los palcos y algunas veces las mamás que los ocupan" (5).


Alois Beer, El Teatro Real, 1906.

Y sobre el veraneo de los madrileños (pudientes, por supuesto) indica:

"Hay gente que veranea en El Pardo y en El Escorial, pero eso no viste. El grado ínfimo del veraneo decoroso es Cercedilla, adonde va mucha gente modesta. Después de Cercedilla está en categoría... Pozuelo, donde "se caen las pajarillas", o en otros términos se asa uno a fuego lento, como en Madrid" (6)

Placa dedicada a Amado Nervo en el número 15 de la calle Bailén en Madrid

En cuanto a la sociedad madrileña, dos aspectos llamaron poderosamente la atención de Nervo: la gran cantidad de "desocupados" y de "ciegos":

"Hay un importante grupo social: el de los que no hacen nada, tan abundante en Madrid como en México, y un poco más en Madrid, que está de plácemes (...) se va al café a darse el barato de una taza (...) a hablar de las probabilidades de duración que tiene el actual Ministerio".

"La proporción de los ciegos es enorme. No he visto país donde haya tantos ciegos. Unos tocan la guitarra, otros el violín, éstos el triángulo, aquellos la mandolina, los de más allá cantan" (7).

Pero retomemos el Manzanares, punto de partida de esta entrada. Sobre él hace un pequeño apunte Amado Nervo en uno de esos escritos procedentes de reseñas para la prensa y de su correspondencia privada. En concreto, se trata de un texto de 1906 titulado Desde mis balcones. El calumniado Manzanares.

Lacoste, Palacio Real visto desde el Puente de Segovia con las lavanderas en primer plano. 1906.

Tomando una vez más como atalaya  sus balcones, Nervo nos indica que observa un "hilo turbio, un rizo de agua del Manzanares, que culebrea apacible, bordeando médanos rojizos" para a continuación confesarnos una rutina suya:

"Muchas veces, cuando la mañana es fresca por la misericordia de alguna nube o de algún soplo de viento, gusto de recorrer las márgenes del río, llevando, mejor que el asendereado libro debajo del brazo, mi pensamiento y mi divagación conmigo, que es más cómodo". (8)

Nervo se hace eco de muchas de esas calumnias que durante siglos se han ido acumulando y sedimentando en las orillas del río. Así, cita a Quevedo o Lope como los más destacados exponentes de esa moda ridiculizadora del humilde río. Pero, como indica, "no faltan espíritus justos que vuelven por la honra de la deprimida corriente", entre ellos Emilia  Pardo Bazán, a quien Nervo admiraba.


Francisco de Goya, Baile a orillas del Manzanares, 1776-77. Museo del Prado, Madrid.

La mención de Pardo Bazán le servirá para enlazar con Francisco de Goya, a quien cita con frecuencia en sus escritos. En esta ocasión, dice de él:

"Un señor llamado don Francisco de Goya y Lucientes, que tantas veces vagó por esas riberas, que las pintó tantas veces, que sorprendió en ellas tantas de esas escenas populares que él amaba"

De inmediato nos vienen a la memoria escenas procedentes de sus cartones para tapiz que tienen al río como coprotagonista. Y no olvidemos que su Quinta del Sordo, en cuyas paredes se encontraban las llamadas Pinturas Negras, se encontraba precisamente en las inmediaciones del Manzanares.

Nervo enlaza ágilmente Goya con Velázquez, otro habitual de sus escritos y alabanzas ("pintor máximo del mundo" le llama), indicando que el genio sevillano pintó un lienzo con una Fuente de Aranjuez que se conserva en el Museo del Prado. Sin embargo, prosigue Nervo, la fuente real se encuentra actualmente en "una rotonda del Campo del Moro".

Velázquez y taller, Fuente de los Tritones en el Jardín de la Isla en Aranjuez. 1657. Museo Nacional del Prado.
Nervo, haciendo gala una vez más de un considerable conocimiento de la pintura española, se debe de estar refiriendo a un lienzo de grandes dimensiones atribuido al taller de Velázquez y fechado en 1657 que representa la Fuente de los Tritones en el Jardín de la Isla en Aranjuez.

En cuanto a la fuente, efectivamente se encuentra en el Campo del Moro, lamentablemente en una zona, frente al palacio, de acceso restringido (9). Realizada en Italia en la primera mitad del siglo XVII, de Aranjuez fue trasladada al Campo del Moro en 1845 y allí permanece desde entonces.

La Fuente de los Tritones en la actualidad

El poeta, tras crear así su particular Parnaso del Manzanares con Lope, Quevedo, Velázquez y Goya, concluye su breve reseña diciendo: "las márgenes del Manzanares humilde y calumniado, que arrulla su recuerdo y que sigue mansa y armoniosamente rizando sus cristales donde pone filetes de oro este divino sol".

 
Bibliografía y webgrafía:

ESTEBAN, J: Viajeros hispanoamericanos en Madrid. Madrid: Sílex, 2004
LÓPEZ SERRANO, A: "El río Manzanares en los escritores del Siglo de Oro". Ponencia en el curso Patrimonio Arqueológico y Artístico en la Comunidad de Madrid. Madrid, 20 de mayo de 2001.
NERVO, A.: Los balcones. Madrid: Biblioteca Nueva, 1920
SIMÓN DÍAZ, J.: Amado Nervo y Madrid. Tepic: Ayuntamiento de Tepic, 1995
TASIS, J. de: Antología poética. Madrid: Editora Nacional. 1944

http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/2010/04/la-fuente-de-los-tritones.html
http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/2011/07/el-rio-manzanares-segun-aureliano-de.HTML
http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/2013/04/los-oficios-del-manzanares.html

NOTAS
(1) En verdad el poema completo no tiene desperdicio. Os recomendamos encarecidamente su lectura y aprovechamos para citar aquí otros de sus ácidos (pero en el fondo acertados) versos: "Muy ético de corriente,/ muy angosto y muy roído,/ con dos charcos por muletas,/ en pie se levantó y dijo:/ "Tiéneme del Sol la llama/ tan chupado y tan sorbido,/ que se me mueren de sed/ las ranas y los mosquitos". Podéis leer el poema completo aquí.

(2) La lista de autores (especialmente poetas) que han aludido al Manzanares en sus obras es larga. Nosotros sólo citaremos aquí dos ejemplos más. El conde de Villamediana, Juan de Tasis (1582-1622) en A la vista de Madrid: "Este corriente cristal/ no tendrá nombre de río,/ hasta que del llanto mío/ enriquezca su caudal" (TASIS, Juan de: Antología poética. Madrid: Editora Nacional. 1944, p.223); Tirso de Molina (1579-1648) en A las niñas de Alcorcón: "Título de venerable/ merecéis, aunque pequeño,/ pues no es bien, viéndoos tan calvo,/ que os perdamos el respeto./ Como Alcalá y Salamanca/tenéis, y no sois colegio,/ vacaciones en verano/ y curso sólo en invierno" (texto completo aquí). Por último, Luis Vélez de Guevara (1579-1644) en El diablo cojuelo: "el río de Manzanares, que se llama río porque se ríe de los que van a bañarse en él, no teniendo agua; que solamente tiene regada la arena, y pasa el verano de noche, como río navarrisco, siendo el más merendado y cenado de cuantos ríos hay en el mundo".

(3) Por desgracia es escasa la difusión (más allá de la poesía) que la obra de Nervo ha tenido dentro de nuestras fronteras, a pesar de que el literato permaneciera varios años residiendo en España. Para el público español constituye un buen primer acercamiento a su obra la siguiente web: http://www.amadonervo.net/

(4) NERVO, A.: Los balcones. Madrid: Biblioteca Nueva, 1920. p. 28 y ss.

(5) SIMÓN DÍAZ, J.: Amado Nervo y Madrid. Tepic: Ayuntamiento de Tepic, 1995, p. 40.

(6) Ibídem, p. 41.

(7) Ibídem, pp. 42-43.

(8) Esta cita y las siguientes han sido tomadas de la antología de textos ESTEBAN, J: Viajeros hispanoamericanos en Madrid. Madrid: Sílex, 2004, pp.100-103.

(9) Recomendamos la reseña realizada por Guerra Esetena sobre esta fuente, en la que el autor aporta interesante material gráfico sobre la misma: http://pasionpormadrid.blogspot.com.es/2010/04/la-fuente-de-los-tritones.html

jueves, 6 de febrero de 2014

El viajero del mes: Leopoldo Alas 'Clarín' en Madrid

En nuestra segunda sección que iniciamos hoy nos queremos acercar a la literatura de viajes o periegética (1) vinculada a Madrid, para lo cual tomaremos el testimonio tanto de viajeros extranjeros como nacionales. Aunque tradicionalmente se ha tratado de un género menor, deseamos tomarlo como vía de (re)descubrimiento de nuestro propio entorno y de lo que se ha pensado sobre las sociedad madrileña de cada momento, introduciendo miradas que no estén contaminadas por la cotidianidad.
 
Retrato de Clarín, Juan Martínez Abades (1901), 64 x 53cm. Universidad de Oviedo

Nos situamos posiblemente a principios de 1886. Pocos meses después de que publicase La Regenta, Clarín regresa a Madrid, ciudad que había dejado en 1882 para hacerse cargo de la Cátedra de Derecho Natural en la Universidad de Oviedo. A su entrada por la Puerta de San Vicente todavía se percibe en el ambiente el reciente fallecimiento de Alfonso XII, en noviembre de 1885, contándonos el autor lo que se le ocurrió al atisbar el perfil del Palacio Real: "se me antojaba leer sobre las más altas cornisas un inmenso letrero que decía: «Viuda é hijos de Alfonso XII»".

Puerta de San Vicente, Anónimo (c. 1880). Museo de Historia de Madrid

Nuestro autor se había hecho vanas ilusiones de encontrarse un Madrid algo mejor del que dejó, pero no tardó mucho en darse cuenta de que todo seguía igual. Esto no se debía solamente a los obreros y las lavanderas que subían y bajaban la Cuesta de San Vicente en silencio, sino más bien a lo que pudo ver al entrar en la Cervecería Inglesa de la Carrera de San Jerónimo: "alrededor de unas cuantas mesas de mármol los grupos negros de siempre; periodistas, políticos, literatos, bolsistas, vagos y gente indefinible, vestidos todos casi lo mismo, afeitados todos sin salir de tres ó cuatro tipos de corte de la barba, todos con ideas parecidas, con anhelos iguales; lo mismo, lo mismo que años atrás, lo mismo que siempre. Casi todos aquellos señores tan pulcros, tan semejantes, tan fáciles de olvidar, querían ser diputados".

Clarín se sentía oprimido ante aquella muchedumbre de arribistas que se congregaban en las veladas políticas y literarias, que funcionaban como una feria de vanidades y donde el arte de la apariencia era lo que predominaba. Ni siquiera los avances tecnológicos hacen que cambie un ápice su visión de la sociedad madrileña: "Entre tanto, se inventa el vapor, el telégrafo, el teléfono, la luz eléctrica, la sinceridad electoral, mil maravillas; todo progresa menos el hombre, menos el español, menos el madrileño, que ayer se envenenaba noche tras noche con las emanaciones del quinqué apestoso, y ahora palidece y toma aires de cómico bajo la acción del gas, y ya empieza a quedarse ciego gracias a la luz eléctrica... El mundo marcha, es indudable; pero en los cafés hay más ociosos cada día; más ociosos y más candidatos".

Folletos Literarios I: Un viaje a Madrid, Leopoldo Alas 'Clarín', Librería de Fernando Fé, Madrid, 1886
 
Todas estas reflexiones podemos encontrarlas en el primer y único folleto literario que Clarín publicó en 1886, donde en ocho opúsculos recoge las impresiones de este viaje a Madrid. Solamente el primero de los opúsculos está centrado en Madrid, dado que los otros siete están dedicados bien a amigos literatos de Clarín a los que no se cansa en ensalzar o a su otra ocupación, la de crítico teatral. No obstante, hablaremos un poco de ello porque en absoluto está exento de interés.

Retrato de Marcelino Menéndez Pelayo, José Moreno Carbonero (1913), 102 x 81cm. Real Academia de la Historia, Madrid


Entre los ensayistas y poetas que Clarín va a destacar se encuentran Marcelino Menéndez Pelayo, Emilio Castelar, Ramón de Campoamor y Gaspar Núñez de Arce. Con todos ellos será muy elogioso, haciendo mayores sus virtudes y minimizando sus defectos, lo cual entra en contraste con la mentalidad española de entonces y de ahora de la crítica fácil y del elogio envenenado.

Al primero de ellos, posiblemente uno de los más destacados polígrafos que hayamos tenido en España, lo señalará casi como uno de los Justos de Sodoma: "No todos se dedican en Madrid a salvar el país sin hacer nada. Si hay tantos ciudadanos que no leen un libro, aquí tenemos un joven que los lee todos" (2). A Menéndez Pelayo lo visitará en la cafetería del hotel donde llevaba residiendo desde 1876 aproximadamente, el Hotel de las Cuatro Naciones, que se encontraba al principio de la Calle del Arenal (3).

No obstante, el personaje quedará mejor definido en la siguiente descripción: "Menéndez va a los manuscritos no a descubrir motivos para la vanidad del bibliógrafo, sino a resucitar hombres y edades; en todo códice hay para él un palimpsesto, cuyos caracteres borrados renueva él con los reactivos de una imaginación poderosa y de un juicio perspicaz y seguro".

Retrato de Emilio Castelar, Joaquín Sorolla (1901), 130 x 96cm. Congreso de los Diputados, Madrid

Sobre Castelar, Clarín distingue al periodista del ensayista: "Hay dos Castelares: el que ve todo el mundo, uno, y el que ve el observador que tiene ocasión de tratarle, otro. El primero es el más grande, el inmortal; pero éste tiene ciertos defectos que no tiene el segundo. El Castelar de todos es el mágico prodigioso de la palabra, la máquina eléctrica, el que arranca vítores y lágrimas de entusiasmo a sus enemigos religiosos y políticos, y casi casi a los que le envidian; pero ese Castelar se pierde en el espacio, olvida la tierra por el cielo, y cantando a una estrella, tropieza con un adoquín".

Respectivamente: Retrato de Ramón María de Campoamor, Emilio Sala (1883-85), 147,2 x 99,2cm. Hispanic Society of America, New York y Retrato de Gaspar Núñez de Arce, Bartolomé Maura Montaner (1883). Biblioteca Nacional de España, Madrid

Terminamos con los ensayistas y pasamos a los poetas, en concreto los dos poetas que Clarín creía enteramente que eran dignos de mención porque del tercero en discordia, que era Manuel del Palacio, nuestro autor decía que valía por "medio poeta", lo que produjo bastante revuelo en la época.

No deja de ser curioso que un tipo tan mediático como Clarín, que sembró filias y fobias en proporciones semejantes, pudiera ser amigo al mismo tiempo de dos individuos como Campoamor y Núñez de Arce, que tenían un enfrentamiento importante en lo que a la poesía se refiere. Así nos lo tranmite Clarín:

"No hay nada más gracioso que oír disentir a Campoamor y a Núñez de Arce. Este simpático vallisoletano [el segundo] acaso no ha hablado en broma en su vida; el poeta de Vigo no habrá dicho nunca nada con toda formalidad. A Campoamor le importa poco que lo que dice sea verdad o error, con tal que sea hermoso; que demuestre originalidad e ingenio; Núñez de Arce lo toma todo con una seriedad digna del papel sellado; podría firmar siempre lo que dice, y aunque lo oyera el mundo entero no podría decir otra cosa: sacrifica siempre la forma al fondo; le importa poco no ser gracioso, ni aun original, con tal de decir algo bueno o verdadero".

Teatro María Guerrero, entonces llamado Teatro de la Princesa

En los últimos dos opúsculos nos encontramos con la actividad de Clarín como crítico teatral, donde se mostrará muy contrariado por la celeridad que le exige el director de la gaceta para que entregue su crítica, trasnochada y casi sin madurar.

También realiza una reflexión con la que podríamos sentirnos muy identificados (en nuestro caso, con el cine español), pues al hablar de los intérpretes salva a unos pocos y condena a la inmensa mayoría, que lograban desprestigiar el trabajo de todo el conjunto.

En cuanto a los dramaturgos, solamente salvará a Echegaray, que es el único que presenta obra nueva con asiduidad, frente a Tamayo y Alarcón que aun siendo notables, no lo hacen frecuentemente.

Retrato de Isidoro Fernández Florez, conocido como 'Fernanflor'

Con todo, el episodio más hilarante lo encontramos en su crítica abierta a Fernanflor, el crítico teatral de La Ilustración Ibérica, donde aprovecha una buena crítica de este a El Archimillonario de Novo y Colson, para arremeter contra la mediocridad de la obra y del crítico al mismo tiempo.

Para todo aquel que esté interesado en este folleto literario de Clarín, lo puede encontrar para descargar en el catálogo online de la Biblioteca Nacional de España. Su referencia bibliográfica es la siguiente:

  • ALAS 'CLARÍN', L.: Un viaje a Madrid, Librería Fernando Fé, Madrid, 1886.


Notas:

(1) La Periégesis es un género literario griego desarrollado durante el Período Helenístico (s. III-I a.C.) en el que se estudia a través de un trayecto determinado, la historia, costumbres y los individuos más relevantes de los pueblos que comprende dicho itinerario. Etimológicamente, la palabra griega περιήγησις se relaciona con la idea de deambular o moverse en torno a algo.

(2) En el momento del relato de Clarín, Menéndez Pelayo debía tener 29 años, y una apariencia completamente diferente a la del retrato que hemos incluido.

(3) Actualmente en el nº17 de la Calle Arenal encontramos una placa donde se nos indica que allí estuvo el Hotel Internacional, que es el mismo al que nos hemos referido.